Melanie González García. Psicóloga experta en Coaching y mentora de mujeres comprometidas.

El amor Romántico

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En este artículo quiero hablar del amor.  En estos últimos meses estoy viendo en mi consulta privada y en mi entorno personal muchas personas que “sufren” por amor y a las que no “les funcionan” las relaciones de pareja.  Es cierto, que veo muchas personas solteras que buscan a una pareja y cuando lo intentan, éstas no duran más allá de unos meses, con suerte.

Una de las típicas frases que se suele decir es que ahora ya no se aguanta nada, que estamos muy bien acostumbrados a vivir solos, que hay mucha oferta etc.  Probablemente todo esto pueda influir, pero creo que hay algo mucho más profundo. 

Desde que nacemos, nos “meten” en la cabeza grandes creencias y mitos sobre el amor romántico.  El amor romántico, es aquel que vemos en las películas, novelas, en los cuentos, en la literatura… amores pasionales donde las dos partes se fusionan en el otro, perdiendo su propia identidad, donde las dificultades y el sufrimiento están presentes y al final uno o ambos acaba sufriendo hasta la eternidad. 

Películas como Romeo y Julieta, Titanic, canciones de amor donde uno es despechado por el otro… Todos estos mitos y estándares, han ido creando en nosotros una serie de creencias en nuestra mente inconsciente que dice que el amor, debería de ser así.  Una vez que conoces a una persona, tu mente inconsciente, automáticamente valora si esa persona cumple los estándares necesarios para ser como él cree que debe de ser (amor romántico).  Si coincide, perfecto, entonces es cuando comenzamos una relación y comenzamos a amar de manera egoica, desde la posesión, los celos, la sumisión, las peleas constantes por intentar cambiar al otro, los juicios etc.  Y como nuestra mente inconsciente cree que eso es lo correcto, pues ahí se siente cómoda (aunque esto genere sufrimiento).

¿Qué pasa cuando en un inicio esa persona que tenemos delante no cumple esos estándares? Automáticamente, nuestra mente inconsciente la rechaza.  Y por ello veo muchas personas que dicen que han conocido a alguien maravilloso, pero que como no sienten aquello que han de sentir, pues simplemente lo dejan escapar.  Sinceramente, me hago cruces… Pero esto es debido, a que nuestra mente racionaliza el amor y cree que si no es como cree que ha de ser, entonces no sirve y es ahí cuando nos negamos a vivir la experiencia tal cual es, viviendo el momento presente y abriéndonos a nuevas oportunidades.

Evidentemente hay un tema de atracción física y química que, si no está, entiendo que podamos decidir, pero en ocasiones no se trata de esto, sino que se trata de tu Pepito Grillo (mente racional) intentando “protegerte” para que no conozcas nada nuevo, diferente, que se salga de tus patrones establecidos en la mente inconsciente.

Si yo creo que el amor es sufrir, posesión, perderme en el otro, ¿qué pasa cuando se nos presenta una persona que se ama a sí misma por lo que no necesita nada de ti, una persona que te acepta y no te quiere cambiar, una persona que no discute porque no te juzga, una persona que respeta tu libertad?  Probablemente tu respuesta sería ¡Genial! Esa es la persona que yo quiero, pero tu mente inconsciente dice ¡No! Eso no es lo que nosotros conocemos.

Y ahí es cuando se da el mítico, es que no se… es que hay algo que no… es que no acabo de… y todo esto es tu mente inconsciente generando en tu cuerpo emociones de miedo y rechazo porque no es a lo que está acostumbrada.  Te recuerdo que la mente inconsciente manda en un 95% de nuestras acciones.

Esto estaría muy bien si los patrones establecidos fuesen buenos y saludables par ti, como por ejemplo rechazar a alguien que te hace daño, agrede, desvaloriza o quiere cambiarte. Y estaría bien, si nos tuvieran que proteger de algún peligro real (que es para lo que sirve nuestra mente inconsciente realmente).  Pero si tenemos en cuenta, que esos patrones, se han formado, de esas canciones, mitos, películas, donde el amor siempre acaba en sufrimiento, imagínate que flaco favor te está haciendo tu mente.

He llegado a ver a personas que han vivido continuos infiernos en relaciones tóxicas y han estado ahí luchando hasta la saciedad y sin embargo cuando han encontrado una persona con la que tener una “relación fácil” no han podido mantenerlo en el tiempo.  Y sus respuestas siempre son, todo era muy fácil con él o ella, pero es que… sin embargo con aquel o aquella tenía un enganche… Efectivamente, un enganche, como si de una droga se tratara.

Por lo tanto, en psicología decimos que el amor que todos creemos que es amor, es el amor racional, el de la mente, el de los debería de ser así, debería de sentir esto… Pero ese, no es el amor puro y verdadero.  El amor puro y verdadero, es el amor incondicional, el amor divino, ese que ama sin esperar nada a cambio, el que acepta, el que respeta, el que agradece, el que vive el momento presente sin juzgar, el que se abre a la experiencia y el que deja libre a la otra persona si ella necesita vivir su propio proceso, sin sentirse poseedor de nada ni de nadie.  En el amor puro el ego no tiene cabida.

Muchas veces creemos que el amor puro es aquel que va a hacer que encontremos a una persona que nos haga sentir aquello que no hemos sentido nunca y que todo será idílico y perfecto y esto no es así, porque si entendemos que, el amor puro es el que hace que atraigas personas “espejo”, personas que te muestran tus sombras para así sanarlas, es algo muy distinto a lo que nos han hecho creer.

El amor puro es la unión de dos personas que se aman de manera incondicional, sin apegos, dependencias y de las que los dos miembros aprenden el uno del otro para sanar y así crecer espiritualmente de manera conjunta.

Por lo que mi mayor consejo en este artículo es que cuando se trate de amor, sueltes a la mente y te abras a vivir la experiencia desde el corazón, pero cuidado, ya que a veces creemos que es nuestro corazón quien habla y quien está hablando en nuestra mente.  Para que nuestra mente no se apodere de nosotros hemos de aprender a callarla, gestionarla y limpiar nuestra mente inconsciente de todos aquellos patrones y creencias establecidos por los demás, que no nos dejan vivir en nuestra más pura esencia.

Y esto me hace pensar en aquella frase de “quiéreme menos, pero quiéreme mejor”.  No se trata de cantidad, de morirse por amor, de querer vivir el amor de los 15 años, se trata de encontrar a un/una compañero/a de vida con el que la vida sea fácil, bonita, de aprendizaje conjunto y donde el amor sea puro e incondicional, sin apegos, dependencias, juicios y en definitiva sin ego.  Amor desde el corazón, no desde la mente.

Si quieres trabajar tu propio proceso para entender que hay en tu mente inconsciente para que no estés atrayendo aquello que deseas y no te deja vivir en paz, puedes ver este proceso que te ofrezco, para poder así realizar el camino de transformación, que todos, hemos venido a vivir en esta vida. 

No te olvides que la vida está para vivirla, no para sufrirla.

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